Quiero pensar que lo son, que es razonable, incluso un síntoma de sensatez, sufrir ataques transitorios de pánico y sucumbir a la incertidumbre, llegando a la conclusión de que tal vez debamos abortar la operación y no dejar a la pobre Musa abandonada durante un mes, porque el puto certificado veterinario, como cabía esperar, no ha llegado a tiempo...
Era algo tan lejano, había tanto tiempo por delante para preparar, planificar y organizar, que sentirlo ahí, a la vuelta de la esquina, saber que en apenas unos días estaremos en el coche atravesando Europa, se hace raro, muy raro. Y no hace falta aclarar que nada está tan preparado, planificado u organizado como pretendíamos.....
En medio de todo ello y de la sangría de pasta que intuyo y que hace semanas comenzó de manera más o menos gradual, hoy me he llevado una agradable sorpresa. Una de las tareas que me tocan, como responsable del equipo de transporte (o sea, mi coche), es cuidar que todo esté a punto para no tener sorpresas desagradables. Eso incluye cambio de ruedas y de líquidos varios -hace un par de meses-, la preceptiva ITV, ese bocado de realidad que te recuerda que tu coche nuevo ya no es tan nuevo -la semana pasada-, y una última visita al taller para asegurarse de que ninguna tripa desgastada reventará en un lugar o momento inoportuno. Esta última -hoy mismo-, no me ha costado más que los taxis de ir y volver del trabajo, porque el tiempo no acompaña para sacar la Vespita, así que, por si en algún momento no lo tuve totalmente claro, el taller que me recomendó mi amiga Marta se convierte oficialmente a partir de hoy en mi taller de cabecera. Ahora sólo necesita una limpieza -tengo que encontrar el momento- para estar a punto.
2 comentarios:
Hej hej!
El ataque de pánico previo a los viajes... ¡esa es una buena señal!
Ese mismo ataque de pánico dentro de unos días parecerá tonto, y dentro de otros pocos más absurdo e impensable.
Disfrutad mucho, os leeré desde aquí.
Gracias, Franz, desde aquí trataremos de ir contándolo
Publicar un comentario