Según las referencias del que será nuestro casero durante los próximos días, tan sólo cuatro horas nos separan de Honningsvag, principal núcleo de población de la isla. Sin embargo, recorriendo estas latitudes tan extremas y pensando que, muy probablemente, se trate de una ocasión única en la vida, no es difícil quedarse pasmado y dejarse vencer por el impulso de parar continuamente. De vez en cuando algunos detalles de la radio nos sacan de repente de ese trance, como cuando hoy han sonado los Gipsy Kings, o contribuyen al ensimismamiento, como el Boss....
Llevamos ya unos cuantos túneles y cada vez resultan más angostos y complicados. Hoy, en particular, un paso de apenas cuatro kilómetros se nos ha hecho medio eterno, al tener que cruzarlo a 30 por hora, claro que se parecía más a la madriguera de un oso que a cualquier infraestructura pensada para la circulación de vehículos.
Pero sin duda el túnel, el padre de todos los túneles, no tanto por longitud, como por la sensación de que por él se viaja a las entrañas de la tierra, es el famoso túnel de Nordkapp. Cuando uno lo cruza, además de esa impresión de viajar a lo más profundo, se siente una mezcla de alivio, satisfacción y emoción porque, aunque todavía quedan unas decenas de kilómetros por carreteras tan imposibles como impresionantes, en realidad ya te encuentras en Nordkapp. El importe del peaje para un coche inferior a 6 metros, ocupado por dos personas, asciende a 192 coronas noruegas. No deja de hacerme gracia el tema de las personas, ¿se tratará del desgaste del pavimento del túnel, en función del peso que lleve cada coche, o será de un peaje por acceder a la isla, sin más?.
En cualquier caso, como decía más arriba, ya técnicamente hemos alcanzado nuestro destino, puesto que la Nordkapp Kommunne, que vendrá a ser algo así como el ayuntamiento de Cabo Norte, empieza un poco antes de entrar en el túnel. Sin demasiado trabajo localizamos la cabaña que tenemos reservada para alojarnos durante los próximos cuatro días, que además de perfectamente visible desde la carretera, resulta muy fácilmente reconocible por las fotos. Frode, nuestro casero, ya se encuentra por los alrededores, recibiendo a los vecinos, que ocuparán la casa de arriba.
Aunque es mi primera visita al país, hace tiempo que trato con noruegos, pero todavía no acabo de encontrar el punto al momento "noruego que trata de hacerse el simpático haciendo un chiste de dudosa gracia, mientras mantiene el gesto gélido en su cara". Tras unos cuantos de esos golpes de humor nórdico, mientras nos explicaba los pormenores del funcionamiento de los escasos aparatos de la casa y el manejo del gas como si no hubiésemos visto una bombona en la vida, se marchó y nos dispusimos a instalarnos.
Más tarde salimos para la primera toma de contacto con el entorno, que consistió básicamente en una pequeña vuelta por Honningsvag y un par de perritos calientes en la calle: después de unos cuantos días sometidos a semejante presión publicitaria y tan abundante oferta, hemos sucumbido a la comida basura, habrá que redimirlo a base de ensaladas durante todo el verano, pero ya pensaremos en ello cuando volvamos a casa.
Veinticuatro horas sin fumar, y estoy que me subo por las paredes....
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