Pues después de unos cuantos kilómetros aquí estamos. Hemos llegado por fín, y es sencillamente increible.
El paisaje es digno de todas las postales imaginables que puedas capturar a golpe de retina.
El camino ha sido largo, y en algunos momentos nos hemos encontrado con dificultades, cansancio y demás cosillas que creo que hemos ido resolviendo de la mejor manera posible.
Ayer fue la noche, pero desgraciadamente no pudo ser. El cielo estaba completamente nublado, y a ratos sólo unos cuantos rayos, de un sol escondido tras las nubes, acariciaban porciones de agua salada.
El frío era considerable, y el viento acrecentaba esa sensación térmica, pero al fin estábamos allí. Después de tantas horas delante de la pantalla del ordenador, observando día tras día el lugar de peregrinaje, la etapa final, la zona más septentrional... llegamos.
El desencanto ya iba agarrado de la mano de Masha y de la mía. Esperábamos justo lo que nos encontramos.
Todo un imperio de souvenirs para el visitante. Desde pieles de renos originales, hasta muñecas sami, pulseras, pegatinas... un sin fin de chorradas, que dicho de sea de paso, algunas probablemente las podríamos encontrar en el bazar chino del barrio.
Souvenirs aparte, la zona interior contaba cierto olor añejo que después de un rato se hacía inapreciable.
Mucho cangrejo real, mucha historia del Cabo Norte en varios idiomas, mucho asiatico disparando fotos allá donde creía ver algo... esa fue la parte con la que ya contábamos.
Nuestro viaje a los sueños polares llega hasta aquí, en este punto, y ahora comienza la segunda parte.
El viaje de bajada promete, y Masha irá actualizando si San Wi-Fi se nos aparece.
Por el momento decir que esto es genial... merece la pena venir a verlo, vivirlo y sentir el sol día y noche
El paisaje es digno de todas las postales imaginables que puedas capturar a golpe de retina.
El camino ha sido largo, y en algunos momentos nos hemos encontrado con dificultades, cansancio y demás cosillas que creo que hemos ido resolviendo de la mejor manera posible.
Ayer fue la noche, pero desgraciadamente no pudo ser. El cielo estaba completamente nublado, y a ratos sólo unos cuantos rayos, de un sol escondido tras las nubes, acariciaban porciones de agua salada.
El frío era considerable, y el viento acrecentaba esa sensación térmica, pero al fin estábamos allí. Después de tantas horas delante de la pantalla del ordenador, observando día tras día el lugar de peregrinaje, la etapa final, la zona más septentrional... llegamos.
El desencanto ya iba agarrado de la mano de Masha y de la mía. Esperábamos justo lo que nos encontramos.
Todo un imperio de souvenirs para el visitante. Desde pieles de renos originales, hasta muñecas sami, pulseras, pegatinas... un sin fin de chorradas, que dicho de sea de paso, algunas probablemente las podríamos encontrar en el bazar chino del barrio.
Souvenirs aparte, la zona interior contaba cierto olor añejo que después de un rato se hacía inapreciable.
Mucho cangrejo real, mucha historia del Cabo Norte en varios idiomas, mucho asiatico disparando fotos allá donde creía ver algo... esa fue la parte con la que ya contábamos.
Nuestro viaje a los sueños polares llega hasta aquí, en este punto, y ahora comienza la segunda parte.
El viaje de bajada promete, y Masha irá actualizando si San Wi-Fi se nos aparece.
Por el momento decir que esto es genial... merece la pena venir a verlo, vivirlo y sentir el sol día y noche

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