sábado 26 de junio de 2010

Camino del sur

A pesar de que el día de ayer ya resultaba un poco excesivo en un lugar tan pequeño cuando todavía nos quedan tantas cosas por ver, al salir de la isla da cierta pena pensar en dejar Mageroya para, muy probablemente, no volver nunca más.




Los tres a cinco grados de temperatura de un par de días atrás se han convertido en unos veraniegos veinte a los que nuestro cuerpo no está habituado pero que se agradecen cantidad. Estar de vacaciones en un lugar lejano y maravilloso y, además, tener la sensación de que es verano, es lo más.
Salimos rumbo a Tromso en lo que sabíamos que iba a ser una larga jornada de carretera: Antonio anunciaba 9 horas de viaje para recorrer los 500 kilómetros que nos separaban de allí. En casos como este, una tiene la tentación de pensar que los mapas no están actualizados o que el dichoso aparatito está haciendo algún tipo de cálculo extraño, y es sólo dos o tres horas después cuando se empieza a tener conciencia de que un kilómetro es mucho más largo que en cualquier otra parte del mundo que haya recorrido antes.








Después de unas horas de sol, y en un intervalo de apenas 20 o 30 minutos, el cielo se nos caía encima y la temperatura bajó a menos de la mitad, de modo que hasta las paradas para estirar las piernas, tomar el aire y desear tener un cigarro que llevarme a la boca se hacían complicadas.




La lluvia dificulta, además, la logística del descanso, porque lo que en otras circunstancias sería tan sencillo como arrimar el coche en cualquier prado y plantar la tienda, con este nivel de jarreo nos obliga a buscar una cabaña con el suelo seco para poder descansar. Como contrapartida, electricidad para cargar aparatos y una estufa para quitar la humedad de los huesos. Pese a todo, el camping es el más cutre de todos en los que hemos parado hasta ahora, aunque no el más barato, y la conexión a internet es de pago (no me voy a molestar ni en averiguar el precio, ahora que he comprobado que los centros de los pueblos están llenos de vecinos solidarios que nos ceden un poquito de wifi para estar comunicados con el mundo).


A estas alturas, y tras casi una semana en el país, tengo la sensación de que Noruega está sobrevalorado, en general. De momento aún estamos por encima del Círculo Polar, dicen que más al sur es totalmente diistinto....