Después de lo que llevábamos en el cuerpo, el trayecto de Burgos a Vigo fue poco menos que un paseo militar, a carreiriña dun can, como diría mi padre, si bien he de reconocer que desde Verín se hizo especialmente duro hasta que, por fin, volvimos a encontrarnos en la Miñoca, delante del portal, en casa.
Supongo que a la mayoría de quienes tienen que soportar nuestras historias ahora y durante las próximas semanas, les seguirá pareciendo una barbaridad el plan, pero estoy segura de que nadie que no haya hecho algo parecido, que me consta que alguno hay, puede hacerse una idea siquiera cercana a lo que se llega a sentir durante y después de una experiencia semejante.
En cualquier caso, me comprometo a hacer lo que esté en mi mano para conseguir acercar un poco de todo ello a mi gente, a todos aquellos a los que en algún momento del viaje me hubiera gustado que estuvieran a mi lado.
No recuerdo si he mencionado Radio Norge en alguna ocasión, aunque supongo que sí porque ha sido una gran compañera de viaje en las interminables horas de coche por territorio noruego. De lo que no tengo duda en absoluto es de que tienen en sus almacenes toda la discografía del Boss, incluso es probable que algunas ediciones especiales, que sólo poseen unos pocos afortunados...































