Más tarde, nos hemos dedicado a recorrer nuevamente la isla en coche, con la esperanza de encontrar un camino lo suficientemente apetecible para arrancar una pateada, que estamos ya necesitando, después de tragar tanta rueda y carretera. Entre la lluvia, el viento y la mala señalización de las rutas, hemos acabado por volver sin habernos apeado del coche. No creo haber mencionado con anterioridad la ausencia de corriente eléctrica en la cabaña, por lo que me encuentro ahora mismo en el coche, tirando de transformador, con el motor encendido para no agotar la batería, como casi sucedió hace unos días en Rovaniemi. Es por eso que no hay demasiadas imágenes de estos días, aunque he localizado en el mismo centro del pueblo un punto para aparcar donde confluyen varias wifis, así que podré ir actualizando un poquillo.
Al final quiso salir un rato el sol, así que nos hemos tirado, monte a través, por detrás de la cabaña
Esto era lo que veía, sentada en medio de la nada
Artico Ice Bar es el nombre de un curioso lugar en el que tomarse un chupito sin alcohol mientras uno alucina completamente viendo lo que es posible hacer con unos bloques de hielo adecuadamente combinados y una buena dosis de imaginación. Regentado por una pareja española resulta, además, el mejor modo de conocer de primera mano cómo es la vida real en el norte de Noruega.
72 horas, y aguantando el tirón, pero no por mi fuerza de voluntad, sino más bien porque en este país, además de que temo unos precios de infarto, tienen el tabaco tan camuflado que hacen a uno sentirse como un delincuente, sólo de pensar en pedir una cajetilla....



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