La primera noche campestre no resultó todo lo bucólica que cabía esperar cuando vimos el fantástico lugar que habíamos encontrado para pasarla. Al caer el sol la temperatura bajó considerablemente y, aunque a las 4 de la mañana ya era completamente de día otra vez, no se recuperó hasta bien entrada la mañana. Los animalillos del bosque campando a sus anchas, que nos parecieron encantadores al llegar, nos inspiraron los pensamientos más agresivos cuando, a las seis de la mañana, era imposible pegar ojo con el escándalo que estaban montando los pájaros alojados en el piso de arriba.
Una vez levantados, desayunados y duchados, había que pasar la prueba de fuego de plegar la tienda, esa que tanta lata nos había dado cuando probamos en casa y que decidimos dejar la improvisación del momento, contando con que la necesidad agudiza el ingenio. En cuestión de segundos la teníamos correcta y misteriosamente guardada en su funda, perfectamente redonda, y estábamos dispuestos para marchar.
Uno de esos porsiacasos, para Ali ;-)
No podría enumerar la cantidad de veces que me estoy acordando de cada una de las personas que leen este cuaderno de viaje, y también de algunos que sé que no lo leerán. Una de esas veces en la que no pude reprimir la carcajada fue al pasar por la ciudad de Husqvarna, sin duda las aludidas sabrán a qué me refiero...
Más adelante, la carretera transcurre bordeando un enorme lago durante más de ochenta kilómetros. Para alguien de costa como la que escribe, para quien un lago consiste en poco más que un charquito, resulta realmente impresionante pensar en un charquito de semejantes dimensiones.
A la orilla, no sé si del mismo o de otro de esos charcos de respetables dimensiones, para los que el diminutivo ya resulta totalmente inadecuado, se encuentra el encantador pueblo de Askersund, donde paramos a dar un paseo, estirar las piernas, tomar un poco el aire y el sol y ver el ambiente, que estaba realmente animado.
Teníamos previsto terminar la etapa en la universitaria Uppsala, pero por despiste al seguir las indicaciones o por defecto de éstas, no conseguimos llegar al camping, de modo que seguimos camino, contando en hacer parada en Gavle, ese lugar del que un sueco, pocas semanas antes de partir, me había dicho que no había nada de interés. Ese mismo sueco me contó que al norte de Uppsala no había absolutamente nada, aparte de naturaleza, y enseguida empezamos a sospechar que Gavle era realmente una ciudad carente de interés.
Claro que todo es relativo, depende de lo que cada uno entienda por "nada". Urbanita empedernido, pensamos en un primer momento, ante kilómetros y kilómetros de bosque....
Fue relativamente sencillo encontrar el camping en el segundo intento, aunque estaba bastante más lejos de lo que inicialmente pensábamos. Nada que ver con el del día anterior, empezando por la encargada de recepción, una amable sueca entrada en años que con su rudimentario inglés nos indicó que su amiga, sentada junto a ella, la ayudaría a comunicarse con nosotros. La amiga, que ya no cumplía los sesenta, con una agradable sonrisa y mejor intención que idioma, nos ayudó a situarnos en el plano y nos aconsejó los mejores lugares para montar la tienda, "por si viene la lluvia". También nos indicó dónde estaban la cocina y el comedor, "por si viene la lluvia", para que no tuviésemos que cocinar o comer a la intemperie. Aunque el tiempo parecía más o menos estable, la insistencia de la amable señora nos mosqueó, y tardamos un rato en decidir cuál podría ser la mejor ubicación para la tienda, en una zona un poco descuidada e invadida por la maleza. Finalmente encontramos un rincón que parecía adecuado, bajo un árbol que daba una cierta sensación de resguardo. No tardamos en descubrir que el lugar no era del todo idóneo, porque enseguida se encendieron las farolas y una de ellas apuntaba directamente a nuestra tienda. Como estábamos bastante cansados, no dimos demasiada importancia a este detalle, hasta que nos fuimos a dormir. No fue la luz sino un noctámbulo habitante del árbol, una gaviota reidora bastante jodona, quien decidió que no íbamos a dormir.
No tardó en empezar a llover y no paró en toda la noche. Por algo tanta preocupación "por si viene la lluvia".....





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