domingo, 30 de mayo de 2010

Overwhelmed

Es la única palabra que me viene a la cabeza cada vez que intento bucear entre los montones de información que hemos ido recabando durante los últimos seis meses. Hasta este momento todo era más o menos vago, un puñado de posibilidades y alternativas que ahora, sin embargo, es necesario materializar en planes concretos.
Desearía disponer de cuatro meses y no de cuatro semanas, y aun así, no sería suficiente para no tener que renunciar a alguna de las sugerentes actividades que ofrecen las infinitas empresas de turismo diseminadas por todos y cada uno de los puntos de la geografía noruega. Siempre han tenido fama de ser prácticos y organizados, mucho más que nosotros, pero tengo la impresión de que la realidad supera cualquier tipo de idea preconcebida que podamos tener desde aquí, donde ya paseamos en chanclas mientras ellos mañana verán caer la nieve y no superarán los 5 grados.


Por difícil que resulte, habrá que seguir revisando, eligiendo y, lo que es más duro, descartando. 
De lo que no cabe duda es que el resultado será único, divertido y original.


Impaciencia extrema.....





lunes, 24 de mayo de 2010

Pequeños apuntes

Ya llevaba unos cuantos años deseando emprender este gran viaje. Siempre me he considerado un amante de los viajes, de conocer los lugares más recónditos del globo. Recuerdo pasar el tiempo delante del atlas, observando los lugares más remotos, los más exóticos, allá donde sólo unos pocos afortunados han podido viajar.

Nordkapp me pareció el destino perfecto para alguien como yo, pero necesitaba de la compañía de un aventurero/a dispuesto a realizar este gran viaje. Hacerlo solo no sería lo mismo, así que aquel sueño se mantuvo en letargo durante mucho tiempo, hasta que llegó, y entonces Masha apareció.


Touille y Masha ultimando preparativos sobre el viaje a Nordkapp



Las regiones polares siempre han mantenido esa fría atracción por la c
ual he sentido apego.
Pero he de reconocer que no sólo de ilusión se vive. Un viaje de tales características necesita de una buena forma física, y eso hay que entrenarlo casi a diario, con ejercicios específicos y una buena alimentación, equilibrada y preparada para estar al máximo cuando más se nos exija.

La verdad es que en este nuestro viaje, no es necesario una excesiva preparación física, pero sí cierta resistencia para mantenernos con fuerzas hasta el final del día. Pasaremos muchas horas sentados en el coche, y la espalda y el resto del cuerpo necesitarán desentumecerse cada cierto tiempo, más que nada para evitar dolores innecesarios.

Un viaje en coche de casi 13000 kilómetros es muy largo, y habrá que prestar especial atención en mantenernos lo más ágiles y despiertos posibles, contando con las paradas necesarias para descansar, echar un sueñecito o simplemente detenernos a ver el paisaje. Ante todo seguridad y buenos alimentos... aunque lo de los buenos alimentos como la tortilla de patatas de casa, por ejemplo, será algo que muy seguramente echaremos de menos.

Evidentemente los hábitos de comida en Noruega cambian mucho de los nuestros.
Es costumbre desayunar fuerte, comer algo ligero en media hora durante la jornada laboral, y salir del trabajo a las cuatro de la tarde para "cenar" sobre las seis con la familia.

Con esto lo que quiero decir es que nos tocará adaptarnos a sus horarios y olvidarnos de cenar a eso de las diez de la noche, ya que probablemente a esas horas no haya nada abierto excepto cervecerías, pubs y similares.



Lutefisk, rutabaga, bolas de carne, arándanos y lefse


La imagen de arriba es lo que podríamos llamar el típico almuerzo noruego, compuesto por pescado blanco seco (lutefisk) y preparado con sosa, en una serie de tratamientos especiales que se le da al pescado para obetener la textura final. Remolacha en escabeche (rutabaga), y el pan plano al que llaman lefse y que aparece enrollado en la foto.

Dejando a parte las curiosidades gastrónomicas. Otro factor interesante a tener en cuenta en este nuestro pequeño gran viaje, es que en las latitudes y fechas en las que viajaremos, nos enfrentamos a noches sin oscuridad. Al principio la cosa tiene su encanto, pero nosotros no estamos habituados a este tipo de fenómenos, y normalmente se suele producir al principio cierta desorientación.

Acostarse con sol a las dos de la mañana, levantarse en mitdad de la madrugada con sol, y levantarse por la mañana con sol, puede ser un poco de locos, pero estoy seguro que a mi querida Masha, que es muy de hacer la fotosíntesis, le vendrá genial esas grandes dosis de
luz solar.

Si en España hay gente que se queja porque el límite de velocidad en las autopistas y autovías es muy bajo, que vayan de viaje a Noruega. Allí el límite máximo, también en autopistas y autovías, está en los 90 ó 100 Km/h. Pero precisamente la red de este tipo de vías no es muy abundante, sólo existen en las salidas de las grandes ciudades. Allí lo que abundan son las carreteras que aquí llamaríamos secundarias, los puentes y los túneles también, sobre todo los túneles.

El túnel de carretera más largo se encuentra en tierras noruegas. Conecta Lærdal y Aurland en 27 km que discurren por debajo del fiordo que separa estas dos localidades.

Volviendo al tema de los límites de velocidad, solo diré una cifra... 80 Km/h. Y no se andan con chiquitas. Si te has pasado sólo un poco y te pillan, ya sabes lo que toca. Además, te dan facilidades para poder abonar la multa en el mismo instante, con tu tarjeta de crédito.

Y del alcohol ni hablemos. Allí los límites son aún más bajos que en España. Por regla general son muy responsables, y aunque en España la gente puede fumar mientras conduce, allí es prácticamente impensable que algo así se pueda hacer, lo considerán algo verdaderamente peligroso... yo también creo que lo es.

En fin, creo que podría seguir relatando miles de cientos de anecdotas de nuestro país destino.
Pero como que no es plan. Mejor os vamos contando a medida que vayamos viajando.

domingo, 23 de mayo de 2010

Full equip

Para compensar una semana en la que los preparativos han estado bastante paralizados, exceptuando un par de compras salvajes que más adelante comentaré, la sobremesa de domingo ha sido realmente intensa. Llegados a este punto yo, que soy una persona que gestiona la vida por objetivos, como si del trabajo se tratase, me pregunto qué ocurrirá a partir del 12 de julio de 2010, aparte de tener que reincorporarme a la vida laboral, cuando deje de escuchar o de pronunciar la frase "tenemos que ver lo del viaje".

Volviendo a lo que interesa, la ruta Nordkapp-Vigo está más o menos resuelta, o eso hemos pretendido, imprevistos y otras improvisaciones aparte, lo que nos llevará a cubrir el trayecto desde el extremo más septentrional de Dinamarca hasta casa, aproximadamente tres mil kilómetros, en cuatro intensos días. Para un par de individuos como los que componen esta expedición, más dados a la improvisación que a los planes, resulta una tarea especialmente ardua planificar dónde y cuándo estar durante cuatro semanas de su vida, más teniendo en cuenta la cantidad de cosas interesantes y atractivas que se puede uno parar a hacer por el camino, sin contar las fotos. Tal vez por eso encontramos especialmente gratificante poder anunciar que, por fin, la ruta está cerrada (más o menos ;-P), ahora solamente quedan por planificar las actividades lúdico-festivo-turístico-deportivas en Magerøya, Lofoten, Svartisen...., cosa de cinco minutos, vaya! Esto incluye la famosa excursión de los frailecillos, las ballenas, el trekking glacial, la pesca de cangrejos reales, el kayaking.... Y los ferrys. Conclusión: hacen falta mucho más de cuatro semanas para recorrer un país, sobre todo cuando se trata de uno tan accidentado, en cuyas carreteras los renos campan a sus anchas y con semejantes restricciones de velocidad que, además, sus ciudadanos cumplen rigurosamente, como Noruega.


El tema del equipamiento es algo más llevadero, confiando que el verano sea razonablemente benigno por esas latitudes. Ya tenemos la tienda de globeros y esta semana ha tocado aprovisionarse de calzado y ropa de abrigo. Las propiedades hidrófugas de mis tan queridas botas, esas que me han acompañado en todos los viajes de frío y de calor desde hace más de doce años, han debido quedarse en el mismo sitio que el dibujo de su suela, así que, como hay pocas cosas peores que andar por el mundo adelante con los pies fríos y mojados, decidí que ya iba siendo hora de concederles un descanso (lo de la jubilación ya lo pensaré con más detenimiento...). Siempre he sabido que resulta complicado comprar unas botas nuevas, incluso dejándose aconsejar por el experto vendedor en la tienda de confianza. Ante la temida pregunta de "¿qué uso les vas a dar?", una no sabe qué responder sin quedar como una globera ignorante, cosa del todo humillante en un lugar de semejantes características donde, además de cosas más o menos conocidas para los profanos, venden artículos tan inverosímiles como jabón en láminas (biodegradable, por supuesto) o patucos  North Face para calentar los pies cuando, después de un largo día de montaña, te recoges en la tienda para descansar (en una tienda de verdad, no como la nuestra, claro está).
De chaquetas, o capa exterior, como la llaman los entendidos, no es que entienda mucho más, pero en eso suelo dejarme guiar por el ojo y después me entero de todas las maravillas técnicas que incorpora la prenda en cuestión. Mientras me la probaba, escuchaba recitar una serie de características que, a juzgar por el tono con el que el chico me las relataba, deben ser lo más, así que procuraba mirarle con cara de que me estaba enterando de todo lo que me contaba. Suerte que existe Google y que, antes de salir a hacer mis compras, había averiguado que la chaqueta que me gustaba, además de ser una chulada, lleva Pro Shell, que es algo así como el Gore Tex de toda la vida, pero mucho más mejor. La verdad es que, sin ser una experta en el tema, pero teniendo en cuenta las prendas de montaña que han pasado por mis manos en los últimos años, es un lujo total, con esas costuras y cremalleras perfectamente termoselladas. Es más, si me muero, quiero que me entierren con ella puesta :-D



Y así es como abandoné la tienda con unas botas de nombre "sable" que no son demasiado feas (detalle muy de agradecer en este tipo de equipamiento), una chaqueta que me será de gran utilidad si algún día decido que quiero esquiar (cosa harto improbable, pero no imposible) y unos cuantos euros menos en mi cuenta.


Recapitulando: equipamiento bien, ruta terminada, el certificado de que Musa está sana y fuerte como un roble sigue sin llegar.... Si no fuese por el pequeño detalle de que hay que ir a trabajar para poder financiar todos estos vicios, mañana mismo podríamos salir, con la ventaja de que contaríamos con tres semanas más para hacer todas esas cosas que nos quedarán pendientes.

Tres semanas para partir....






lunes, 17 de mayo de 2010

La tienda asesina

Comprar la tienda de campaña ha supuesto el inicio de la cuenta atrás, como tener conciencia de repente de que en realidad nos vamos y que, al ritmo que transcurren las semanas, un día nos levantaremos y nos encontraremos metidos en el coche sin haber tenido tiempo de reaccionar.

En toda mi vida cuando he ido de acampada, que no han sido muchísimas veces pero sí unas cuantas, siempre había ido de prestado. Nunca antes había tenido una de esas minicasitas de nylon y me ha sorprendido descubrir cuánto ha avanzado la tecnología desde aquellas de loneta azul y naranja, con forma triangular, que poblaban los campings cuando era pequeña. Creo que deben haberse extinguido, junto con las colchonetas de goma negra forradas de tela, azul por un lado y roja por el otro, que no se pinchaban en la playa pero llevaban malamente el almacenamiento invernal.
En previsión de futuros problemas logísticos y con la pretensión de llevarlos resueltos de casa, decidimos hacer los deberes, comprobando que la tienda se despliega y se vuelve a recoger para guardar tan fácilmente como indican las instrucciones, en una etiqueta tamaño sábana-de-matrimonio, cosida al interior de la funda con muy buen criterio.  Abrirla es, en efecto, muy sencillo, si obviamos el detalle de que hacerlo dentro de casa puede representar un serio peligro para la integridad física del operario y de los objetos que rodean el campo de pruebas. El problema se presenta al intentar plegarla. Esto es lo que debería de ocurrir:



Y esto es lo que de verdad ocurre:


Real como la vida misma y como la media tarde que nos llevó analizar y poner en práctica las instrucciones que en un vídeo daba una rubia y experimentada joven castora, que lo hacía sin despeinarse (y que estoy casi segura que ha pasado semanas entrenando para alcanzar semejante grado de perfección). 

Para tranquilidad de los lectores he de aclarar que, tras unos cuantos juramentos y dos conatos de rendición, conseguimos meterla de nuevo en su perfectamente redonda funda, cuando me encontraba al borde de convertirme en serial killer. Podría haber sido dramático.
Intuyo no volverá a salir antes de haber recorrido unos cuantos cientos de kilómetros, y aún así, no las tengo todas conmigo. Para que luego hablen de los muebles de Ikea....



domingo, 16 de mayo de 2010

Cuenta atrás

Cuatro semanas. Es el tiempo que falta para que nos encontremos en el coche con una tienda que no sabemos desmontar y un montón de kilómetros por delante. Se trata quizá de uno de los proyectos más ambiciosos que haya emprendido en mi vida, después de fracasar en aquel de casarme y formar una familia. Hay cierto tipo de cosas en las que alguna gente no llegamos a encajar y hay otras, en cambio, que provocan un entusiasmo difícil de contener y nos hacen sentir vivos.
Aunque soy más de calorcito y de sol, por aquello de la fotosíntesis, una noche indeterminada de octubre, por una curiosa carambola de casualidades, me embarqué en un viaje a los sueños polares con la primera parada en Nordkapp. Desde que decidimos qué día llegaríamos allí y reservamos una cabaña a la orilla del mar en Magerøya, los preparativos se han ido desarrollando con relativa calma y hablábamos de "el viaje" de un modo más o menos abstracto, pero ahora, de repente, empieza a materializarse en esa tienda de campaña que se monta en dos segundos escasos pero te cuesta media vida averiguar cómo plegarla para volverla a guardar (bendito Decathlon, y habrá quien siga diciendo que montar un mueble de Ikea es complicado...), o en aquella cazadora que tiene mi nombre escrito bajo el Trango de la pechera y cuesta una pequeña fortuna, pero acabaré comprando.

Siempre he tenido fama de buena organizadora, pero ahora me doy cuenta de que es otra de esas "caretas" que utilizo sin querer, porque a la hora de la verdad soy un  desastre total. Desbordada por tanta información, con una guía en cada mano, mapas extendidos sobre la mesa del salón y veinte pestañas de mi navegador abiertas, tratando de localizar un alojamiento en Roermond, me encuentro a punto de sucumbir. Creo que la improvisación será una compañera forzosa, aunque cuando se trata de salir a pescar cangrejos reales o a ver unos cuantos miles de frailecillos sobrevolando el mar de Barents en busca de algo que echarse a la boca, lo mismo puede ser recomendable una cierta previsión...


En cualquier caso, a pesar de que todavía no sé si Musa podrá acompañarnos (restricciones sanitarias de los nórdicos y un certificado veterinario que es una incógnita si llegará a tiempo), que el seguro de mi coche caduca en mitad del viaje, y aunque pienso pagar el recibo religiosamente no tendré manera de demostrarlo en caso de que sea necesario, y que mi conductor de refresco tendrá apenas tres semanas de carné cuando emprendamos camino, estoy segura de que va a ser una experiencia increíble.

Todavía quedan cuatro semanas de preparativos.....