Dormir bajo un techo consistente, como esta noche, tiene la ventaja de que uno no se entera de lo que pasa en el mundo exterior, así que no tengo ni idea de cuánta agua ha podido caer durante la noche. Por la mañana, a pesar del cielo encapotado y las nubes enganchadas en los montes circundantes, la lluvia respetó nuestro paseo y pudimos disfrutar un poco de la ciudad, antes de marcharnos.
Aprovechamos para visitar el Museo Polar, que nos había quedado pendiente, y ha sido, hasta el momento, la gran decepción de todo lo que hemos visto.
Aunque nos dieron un folleto en español bastante completo, resultaba algo incómodo ir leyendo una novela a medida que avanzábamos por las salas, en las que todos los paneles explicativos, salvo minúsculas notas y pies de foto, estaban en noruego. Mención aparte merecen los contenidos, ciertamente tétricos, la mayoría dedicados a la caza de zorros, focas y osos en el Ártico, relatado con todo lujo de detalles. Es verdad que como curiosidad histórica y por todo lo que conllevaba una invernada en siglos pasados, cuando no existían el goretex ni los forros polares, puede tener su punto interesante, pero las imágenes de las sanguinarias cacerías contemporáneas de focas acaban viniéndote a la cabeza irremediablemente y da un mal rollo total. Por otra parte, la puesta en escena es tremenda, llena de maniquíes siniestros en actitudes poco amistosas, animales disecados, instrumentos de tortura -también llamados "trampas para cazar"- y pellejos colgados por las paredes y el techo, algunos incluso con su cabeza original
Éste era de los que menos miedo daban...
Consejos ante el potencial ataque de un oso polar (sic!)
-click para agrandar, leedlo, no tiene desperdicio!!-
Las salas dedicadas a Amundsen y a Nansen podían haber sido bastante interesantes, si supiésemos noruego o hubiesen tenido el detalle de poner los panelitos en inglés.
Al salir, para quitar el mal cuerpo, callejeamos un poco e hicimos unas cuantas fotos, antes de volver al coche para seguir camino.
Biblioteca
Polaria
Catedral del Ártico
Nunca antes había pasado por tantos túneles en tan poco tiempo, pero lo que hemos encontrado hoy no lo han visto antes mis ojos ni creo que lo vuelvan a ver, a menos que regrese a Tromso algún día. Para salir de la ciudad, Antonio nos metió en un túnel, algo nada extraordinario aunque sí arriesgado, teniendo en cuenta que al bueno de nuestro amigo se le va la pinza y, si hay bifurcaciones, como en los túneles de Madrid, está uno perdido. Cuando dijo "en la rotonda, gire a la izquierda, tercera salida" lo achacamos a uno de esos episodios errático-subterráneos, pero la rotonda apareció allí de repente ante nosotros, dentro mismo del túnel por el que estábamos pasando, con sus cuatro o cinco salidas perfectamente colocadas. Hasta tres rotondas llegamos a contar, en una de las cuales tuvimos que dar la vuelta, porque Antonio se encontraba catatónico y ya no nos supo sacar. Siempre hay que llevar un mapa a mano.
La ruta de hoy incluía un par de ferrys. Al primero llegamos con más de hora y media de antelación, en un lugar absolutamente inhóspito, donde otros dos coches esperaban ya haciendo cola. Como no habíamos previsto los horarios del barco en cuestión, aprovechamos para comer y repasar algunas cosas pendientes.
Mi pequeño coche, viajando en barco :-D
El recorrido a continuación se señala en las guías locales como dentadura del diablo, absolutamente obvio en cuanto te encuentras allí.
Entorno aparte, una carretera infernal, llena de curvas y con algún que otro tramo sin baches, por la que apenas caben dos coches cuando, muy de vez en cuando, se cruzan. De tanto en tanto, había un pequeño apartadero con una señal azul y una enorme "M" blanca, que intuimos que podrán servir para aliviar las estrecheces, aunque quizá Franz Minaret pueda ilustrarnos al respecto ;-).
La vista, todo hay que decirlo, es espectacular, aunque con la prisa por no perder el último ferry del día y quedarnos a medias con la etapa, no las pudimos disfrutar debidamente.
La vista, todo hay que decirlo, es espectacular, aunque con la prisa por no perder el último ferry del día y quedarnos a medias con la etapa, no las pudimos disfrutar debidamente.
En una vía de semejantes características, los túneles resultan indescriptiblemente lamentables. Si el firme del recorrido exterior lleva años sin ser renovado, el que se encuentra bajo techo ha de ser el original de obra, probablemente en los años setenta, a juzgar por el estado en el que se encuentra. Además de la estrechez, las paredes de roca viva dan la impresión de estar entrando en la guarida de un oso y no en una carretera de un país como Noruega. Incómodo, pero curioso y, sin duda, interesante.
Llegamos al ferry con cinco minutos de margen, suficiente para embarcar y relajarnos durante la travesía de algo más de hora y media.
Por fin estamos en Lofoten, en Andenes, con la tienda plantada en un camping pegado a la playa, una agradable temperatura para pasear (rondará los 8-10 grados) y, por fin, una pequeña colada resuelta.
Nos vamos a descansar.













1 comentarios:
Pues vaya, no sé que significa la M ...¿Misterio? ¿Mingitørien? :-)
Ahora que nombras el museo Polar, recuerdo una desagradable y similar experiencia en el "Sandefjord Whaling Museum", cerca de Oslo. Un museo que pretende ser objetivo pero al que se le ve el plumero con respecto a la caza de ballenas. Un ascazo, vamos.
Si es que también tenemos unas ideas...
Un abrazo fuerte
Publicar un comentario