viernes 9 de julio de 2010

Arabiya

Seguimos en ruta por Francia, con idea de llegar a dormir a Burgos -mil y pico kilómetros- y que la etapa de mañana sea un poco más ligera. A pesar de los conductores franceses, las obras y el inevitable atasco de casi una hora en Burdeos. 

A medida que avanzamos hacia el sur la proporción de coches ocupados por marroquíes y argelinos que se dirigen a tomar el ferry en Algeciras o Almería, para pasar las vacaciones en casa, aumenta vertiginosamente, hasta que al bajar del coche en el área de servicio de Vitoria tengo la impresión de haber llegado al Magreb, exactamente como lo conozco. Decenas de chiquillos corretean y juegan al balón, mientras los padres, tíos, primos y hermanos mayores tomar un refrigerio, aprovechando que el sol ha bajado y ya no aprieta el calor. Se empieza a estar mejor fuera del coche que dentro, con el aire acondicionado.


Hay una cosa que siempre he puesto cierto empeño en conservar, hablo de una la capacidad de asombro, casi infantil, ante cosas que en cualquier otro contexto podrían resultar absurdas, si no ridículas.
Después de casi un mes durmiendo cada noche en un lugar distinto, a menudo caro para las condiciones que ofrecía, compartiendo baños y duchas y pasando bastante frío en algunas ocasiones, la habitación y, sobre todo el precio, del hotel en Burgos me parecieron un auténtico lujo. Espacio amplio, tele en español, cama enorme y mullida, toallas limpias y una ducha que podía utilizar sin necesidad de chanclas.....

Salimos a tomar una cerveza antes de caer rendidos. Ha sido un día duro.