Cuatro semanas. Es el tiempo que falta para que nos encontremos en el coche con una tienda que no sabemos desmontar y un montón de kilómetros por delante. Se trata quizá de uno de los proyectos más ambiciosos que haya emprendido en mi vida, después de fracasar en aquel de casarme y formar una familia. Hay cierto tipo de cosas en las que alguna gente no llegamos a encajar y hay otras, en cambio, que provocan un entusiasmo difícil de contener y nos hacen sentir vivos.
Aunque soy más de calorcito y de sol, por aquello de la fotosíntesis, una noche indeterminada de octubre, por una curiosa carambola de casualidades, me embarqué en un viaje a los sueños polares con la primera parada en Nordkapp. Desde que decidimos qué día llegaríamos allí y reservamos una cabaña a la orilla del mar en Magerøya, los preparativos se han ido desarrollando con relativa calma y hablábamos de "el viaje" de un modo más o menos abstracto, pero ahora, de repente, empieza a materializarse en esa tienda de campaña que se monta en dos segundos escasos pero te cuesta media vida averiguar cómo plegarla para volverla a guardar (bendito Decathlon, y habrá quien siga diciendo que montar un mueble de Ikea es complicado...), o en aquella cazadora que tiene mi nombre escrito bajo el Trango de la pechera y cuesta una pequeña fortuna, pero acabaré comprando.
Siempre he tenido fama de buena organizadora, pero ahora me doy cuenta de que es otra de esas "caretas" que utilizo sin querer, porque a la hora de la verdad soy un desastre total. Desbordada por tanta información, con una guía en cada mano, mapas extendidos sobre la mesa del salón y veinte pestañas de mi navegador abiertas, tratando de localizar un alojamiento en Roermond, me encuentro a punto de sucumbir. Creo que la improvisación será una compañera forzosa, aunque cuando se trata de salir a pescar cangrejos reales o a ver unos cuantos miles de frailecillos sobrevolando el mar de Barents en busca de algo que echarse a la boca, lo mismo puede ser recomendable una cierta previsión...
En cualquier caso, a pesar de que todavía no sé si Musa podrá acompañarnos (restricciones sanitarias de los nórdicos y un certificado veterinario que es una incógnita si llegará a tiempo), que el seguro de mi coche caduca en mitad del viaje, y aunque pienso pagar el recibo religiosamente no tendré manera de demostrarlo en caso de que sea necesario, y que mi conductor de refresco tendrá apenas tres semanas de carné cuando emprendamos camino, estoy segura de que va a ser una experiencia increíble.
Todavía quedan cuatro semanas de preparativos.....
Aunque soy más de calorcito y de sol, por aquello de la fotosíntesis, una noche indeterminada de octubre, por una curiosa carambola de casualidades, me embarqué en un viaje a los sueños polares con la primera parada en Nordkapp. Desde que decidimos qué día llegaríamos allí y reservamos una cabaña a la orilla del mar en Magerøya, los preparativos se han ido desarrollando con relativa calma y hablábamos de "el viaje" de un modo más o menos abstracto, pero ahora, de repente, empieza a materializarse en esa tienda de campaña que se monta en dos segundos escasos pero te cuesta media vida averiguar cómo plegarla para volverla a guardar (bendito Decathlon, y habrá quien siga diciendo que montar un mueble de Ikea es complicado...), o en aquella cazadora que tiene mi nombre escrito bajo el Trango de la pechera y cuesta una pequeña fortuna, pero acabaré comprando.
Siempre he tenido fama de buena organizadora, pero ahora me doy cuenta de que es otra de esas "caretas" que utilizo sin querer, porque a la hora de la verdad soy un desastre total. Desbordada por tanta información, con una guía en cada mano, mapas extendidos sobre la mesa del salón y veinte pestañas de mi navegador abiertas, tratando de localizar un alojamiento en Roermond, me encuentro a punto de sucumbir. Creo que la improvisación será una compañera forzosa, aunque cuando se trata de salir a pescar cangrejos reales o a ver unos cuantos miles de frailecillos sobrevolando el mar de Barents en busca de algo que echarse a la boca, lo mismo puede ser recomendable una cierta previsión...
En cualquier caso, a pesar de que todavía no sé si Musa podrá acompañarnos (restricciones sanitarias de los nórdicos y un certificado veterinario que es una incógnita si llegará a tiempo), que el seguro de mi coche caduca en mitad del viaje, y aunque pienso pagar el recibo religiosamente no tendré manera de demostrarlo en caso de que sea necesario, y que mi conductor de refresco tendrá apenas tres semanas de carné cuando emprendamos camino, estoy segura de que va a ser una experiencia increíble.
Todavía quedan cuatro semanas de preparativos.....
4 comentarios:
Jijiji, soy el primero postear el primer comentario. Genial tu post!!!
Tremendamente original! Jo me ha gustado mucho. La canción tan tiernaa! Hacía tiempo que no disfrutaba leyendo un blog! Gracias y sigue escribiendo. Luego cuando "nos hagamos grandes", será algo así como un cajón de recuerdos, no sabes que ilusión te hará leer todo esto dentro de unos años. Chapó! MªJosé
Touille, no te quedaba otro remedio!! ;-P
Gracias, Meriyou, me alegra que te guste, seguiremos con ello :-D
Besiños!
aqui me tienes...me pido ayudante de logistica en casa si lo necesitas..osea mandarte mails importantes o faxes a algun ciber centroeuropeo si necesitas....sabes que te envidio cosa mala, porque yo me quede en el Proyecto 1 (el de la familia) y ya no me puedo liar con estas cosas..pero amos..que te seguiremos desde aqui, cual chirriders..si hace falta!!!
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