domingo, 23 de mayo de 2010

Full equip

Para compensar una semana en la que los preparativos han estado bastante paralizados, exceptuando un par de compras salvajes que más adelante comentaré, la sobremesa de domingo ha sido realmente intensa. Llegados a este punto yo, que soy una persona que gestiona la vida por objetivos, como si del trabajo se tratase, me pregunto qué ocurrirá a partir del 12 de julio de 2010, aparte de tener que reincorporarme a la vida laboral, cuando deje de escuchar o de pronunciar la frase "tenemos que ver lo del viaje".

Volviendo a lo que interesa, la ruta Nordkapp-Vigo está más o menos resuelta, o eso hemos pretendido, imprevistos y otras improvisaciones aparte, lo que nos llevará a cubrir el trayecto desde el extremo más septentrional de Dinamarca hasta casa, aproximadamente tres mil kilómetros, en cuatro intensos días. Para un par de individuos como los que componen esta expedición, más dados a la improvisación que a los planes, resulta una tarea especialmente ardua planificar dónde y cuándo estar durante cuatro semanas de su vida, más teniendo en cuenta la cantidad de cosas interesantes y atractivas que se puede uno parar a hacer por el camino, sin contar las fotos. Tal vez por eso encontramos especialmente gratificante poder anunciar que, por fin, la ruta está cerrada (más o menos ;-P), ahora solamente quedan por planificar las actividades lúdico-festivo-turístico-deportivas en Magerøya, Lofoten, Svartisen...., cosa de cinco minutos, vaya! Esto incluye la famosa excursión de los frailecillos, las ballenas, el trekking glacial, la pesca de cangrejos reales, el kayaking.... Y los ferrys. Conclusión: hacen falta mucho más de cuatro semanas para recorrer un país, sobre todo cuando se trata de uno tan accidentado, en cuyas carreteras los renos campan a sus anchas y con semejantes restricciones de velocidad que, además, sus ciudadanos cumplen rigurosamente, como Noruega.


El tema del equipamiento es algo más llevadero, confiando que el verano sea razonablemente benigno por esas latitudes. Ya tenemos la tienda de globeros y esta semana ha tocado aprovisionarse de calzado y ropa de abrigo. Las propiedades hidrófugas de mis tan queridas botas, esas que me han acompañado en todos los viajes de frío y de calor desde hace más de doce años, han debido quedarse en el mismo sitio que el dibujo de su suela, así que, como hay pocas cosas peores que andar por el mundo adelante con los pies fríos y mojados, decidí que ya iba siendo hora de concederles un descanso (lo de la jubilación ya lo pensaré con más detenimiento...). Siempre he sabido que resulta complicado comprar unas botas nuevas, incluso dejándose aconsejar por el experto vendedor en la tienda de confianza. Ante la temida pregunta de "¿qué uso les vas a dar?", una no sabe qué responder sin quedar como una globera ignorante, cosa del todo humillante en un lugar de semejantes características donde, además de cosas más o menos conocidas para los profanos, venden artículos tan inverosímiles como jabón en láminas (biodegradable, por supuesto) o patucos  North Face para calentar los pies cuando, después de un largo día de montaña, te recoges en la tienda para descansar (en una tienda de verdad, no como la nuestra, claro está).
De chaquetas, o capa exterior, como la llaman los entendidos, no es que entienda mucho más, pero en eso suelo dejarme guiar por el ojo y después me entero de todas las maravillas técnicas que incorpora la prenda en cuestión. Mientras me la probaba, escuchaba recitar una serie de características que, a juzgar por el tono con el que el chico me las relataba, deben ser lo más, así que procuraba mirarle con cara de que me estaba enterando de todo lo que me contaba. Suerte que existe Google y que, antes de salir a hacer mis compras, había averiguado que la chaqueta que me gustaba, además de ser una chulada, lleva Pro Shell, que es algo así como el Gore Tex de toda la vida, pero mucho más mejor. La verdad es que, sin ser una experta en el tema, pero teniendo en cuenta las prendas de montaña que han pasado por mis manos en los últimos años, es un lujo total, con esas costuras y cremalleras perfectamente termoselladas. Es más, si me muero, quiero que me entierren con ella puesta :-D



Y así es como abandoné la tienda con unas botas de nombre "sable" que no son demasiado feas (detalle muy de agradecer en este tipo de equipamiento), una chaqueta que me será de gran utilidad si algún día decido que quiero esquiar (cosa harto improbable, pero no imposible) y unos cuantos euros menos en mi cuenta.


Recapitulando: equipamiento bien, ruta terminada, el certificado de que Musa está sana y fuerte como un roble sigue sin llegar.... Si no fuese por el pequeño detalle de que hay que ir a trabajar para poder financiar todos estos vicios, mañana mismo podríamos salir, con la ventaja de que contaríamos con tres semanas más para hacer todas esas cosas que nos quedarán pendientes.

Tres semanas para partir....






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